La miopía en niños es uno de los problemas visuales que más ha aumentado en las últimas décadas y una de las principales causas de visión borrosa durante la infancia. Cada vez es más frecuente que un niño tenga dificultades para ver con claridad la pizarra del colegio, las señales de la calle o cualquier objeto situado a cierta distancia. Sin embargo, detectar la miopía a tiempo no solo mejora su visión, sino que también permite actuar para ralentizar su progresión y proteger la salud ocular en el futuro.
La infancia es una etapa fundamental para el desarrollo del sistema visual. Durante estos años el ojo continúa creciendo y la graduación puede aumentar rápidamente si no se realiza un seguimiento adecuado. Por este motivo, las revisiones visuales periódicas son esenciales, especialmente cuando existen antecedentes familiares de miopía o aparecen síntomas que puedan indicar una alteración de la visión.
Hoy sabemos que la miopía no consiste únicamente en necesitar unas gafas. Una miopía que aumenta de forma continuada incrementa el riesgo de desarrollar determinadas enfermedades oculares en la edad adulta, especialmente cuando alcanza un número elevado de dioptrías. La buena noticia es que actualmente existen tratamientos capaces de ralentizar su progresión y ayudar a preservar la salud visual del niño.
En Óptica Zamora somos especialistas en Control de Miopía Infantil. Realizamos un estudio visual completo y diseñamos un tratamiento personalizado según la edad, la graduación y las necesidades de cada niño, acompañando a las familias durante todo el proceso.
A continuación, te explicamos qué es la miopía infantil, cuáles son sus síntomas, qué la provoca, cómo se diagnostica y qué tratamientos existen actualmente para controlar su evolución.
¿Qué es la miopía infantil?
La miopía infantil es un defecto refractivo que provoca que el niño vea con claridad los objetos cercanos, mientras que los objetos lejanos aparecen desenfocados o borrosos. Esto sucede porque el ojo es más largo de lo habitual o porque la córnea tiene una curvatura mayor de la necesaria, haciendo que la imagen se enfoque delante de la retina en lugar de hacerlo sobre ella.
La miopía suele aparecer durante la etapa escolar, normalmente entre los 6 y los 12 años, aunque puede comenzar antes o desarrollarse durante la adolescencia. En muchos casos la graduación aumenta progresivamente conforme el niño crece, por lo que resulta fundamental realizar revisiones periódicas para controlar su evolución.
Aunque el uso de gafas o lentes de contacto permite corregir la visión, es importante entender que corregir la miopía no significa controlar su progresión. Hoy en día existen tratamientos específicos cuyo objetivo es ralentizar el aumento de las dioptrías y reducir el riesgo de alcanzar una miopía elevada en la edad adulta.
Por este motivo, cada vez se concede más importancia al diagnóstico precoz y al seguimiento personalizado. Cuanto antes se detecte la miopía, antes podrán aplicarse medidas para controlar su evolución y preservar la salud visual a largo plazo.
¿Cuáles son los síntomas de miopía en niños?
Los niños no siempre son conscientes de que ven mal. En muchas ocasiones piensan que todas las personas perciben el mundo de la misma forma, por lo que es frecuente que la miopía pase desapercibida durante meses si no se realizan revisiones visuales periódicas.
Existen, sin embargo, algunos comportamientos que pueden alertar a los padres de la presencia de un problema visual.
Señales que pueden indicar miopía infantil:
- Se acerca demasiado a la televisión o a las pantallas: Necesita acercarse a menudo para ver con nitidez lo que otras personas distinguen desde más lejos.
- Tiene dificultades para ver la pizarra: Es uno de los síntomas más habituales durante la etapa escolar y puede afectar a su aprendizaje si no se detecta a tiempo.
- Entrecierra los ojos para enfocar: Muchos niños cierran ligeramente los párpados cuando intentan ver un objeto lejano porque mejora su enfoque.
- Se acerca mucho al cuaderno o al libro: Aunque puede tener otras causas, este hábito también puede estar relacionado con un problema visual.
- Dolores de cabeza o fatiga visual: El esfuerzo constante para intentar enfocar correctamente puede provocar dolores de cabeza y cansancio al final del día.
- Baja atención o desinterés en clase: En ocasiones el problema no está relacionado con la capacidad de aprendizaje, sino con la dificultad para ver correctamente la información que presenta el profesor.
- Disminución del rendimiento escolar: Cuando el niño no ve bien la pizarra o evita determinadas tareas visuales, su rendimiento puede verse afectado sin que exista una dificultad académica real.
Es importante recordar que estos síntomas no siempre indican miopía, pero sí justifican la realización de una evaluación visual completa por parte de un profesional.
¿Qué causa la miopía en los niños?
La aparición de la miopía infantil no depende de un único factor. En la mayoría de los casos es el resultado de la combinación entre la predisposición genética y determinados hábitos visuales y de estilo de vida. Aunque hay factores que no podemos modificar, existen otros sobre los que sí podemos actuar para favorecer un desarrollo visual más saludable y reducir el riesgo de que la miopía progrese con rapidez.
Comprender qué influye en su aparición permite a las familias adoptar medidas preventivas y acudir a revisiones visuales periódicas desde edades tempranas.
Factores que no podemos modificar:
Antecedentes familiares
Uno de los factores de riesgo más importantes es la genética. Cuando uno o ambos padres son miopes, aumenta la probabilidad de que el niño también desarrolle miopía. Sin embargo, heredar esta predisposición no significa necesariamente que vaya a presentar una graduación elevada, especialmente si se detecta a tiempo y se realiza un seguimiento adecuado.
Crecimiento del ojo
Durante la infancia el ojo continúa desarrollándose. En algunos niños este crecimiento es mayor de lo normal, provocando que la imagen se enfoque por delante de la retina y aparezca la visión borrosa de lejos. Controlar este crecimiento es precisamente uno de los objetivos de los tratamientos actuales para el control de la miopía.
Factores sobre los que sí podemos actuar:
Poco tiempo al aire libre
Cada vez existe más evidencia científica de que pasar tiempo al aire libre ayuda a reducir el riesgo de desarrollar miopía y puede influir positivamente en su evolución. La luz natural parece desempeñar un papel protector durante el desarrollo visual del niño. Por ello, diferentes organismos internacionales recomiendan fomentar el juego y las actividades al aire libre todos los días.
Exceso de visión próxima
Leer, estudiar o utilizar pantallas durante muchas horas seguidas obliga al sistema visual a mantener un esfuerzo continuo de enfoque. Estas actividades no son perjudiciales por sí mismas, pero conviene realizarlas con descansos frecuentes y manteniendo una distancia adecuada de lectura.
Uso prolongado de pantallas
Los dispositivos electrónicos forman parte del día a día de los niños, pero un uso excesivo puede favorecer hábitos visuales poco saludables, especialmente cuando se utilizan muy cerca de los ojos y durante largos periodos sin pausas. Limitar el tiempo de pantallas según la edad y alternarlo con actividades al aire libre es una recomendación habitual para favorecer una buena salud visual.
Higiene visual
Pequeños hábitos cotidianos pueden marcar la diferencia:
- Mantener una distancia de lectura de aproximadamente 35-40 cm.
- Estudiar con una iluminación adecuada.
- Realizar descansos siguiendo la regla 20-20-20 (cada 20 minutos, mirar durante 20 segundos a unos 6 metros de distancia).
Pasar tiempo al aire libre todos los días. - Acudir a revisiones visuales periódicas, aunque el niño no refiera molestias.
Aunque no siempre es posible prevenir la aparición de la miopía, adoptar estos hábitos desde edades tempranas puede contribuir a proteger el desarrollo visual y facilitar una detección precoz de cualquier cambio en la graduación.
Tipos de miopía en niños
No todos los casos de miopía infantil son iguales. Aunque todos los niños con miopía presentan dificultad para ver de lejos, la forma en la que evoluciona puede variar mucho de un caso a otro. Conocer los diferentes tipos de miopía ayuda a comprender por qué algunos niños únicamente necesitan corregir su visión con unas gafas, mientras que otros pueden beneficiarse de tratamientos específicos para controlar su progresión.
Miopía simple
Es la forma más frecuente de miopía durante la infancia. Suele aparecer entre los 6 y los 12 años y, en la mayoría de los casos, aumenta conforme el niño crece.
Aunque inicialmente la graduación puede ser baja, es recomendable realizar revisiones visuales periódicas para comprobar su evolución y valorar si es necesario iniciar un tratamiento de control de la miopía.
Miopía progresiva
Se habla de miopía progresiva cuando las dioptrías aumentan de manera continuada durante el crecimiento del niño. Esta evolución es la que más preocupa a los especialistas, ya que una mayor graduación puede incrementar el riesgo de desarrollar determinadas enfermedades oculares en la edad adulta.
Actualmente existen tratamientos cuyo objetivo no es únicamente corregir la visión, sino también ralentizar el aumento de las dioptrías. Cuanto antes se detecte esta progresión, mayores serán las posibilidades de actuar para proteger la salud visual del niño.
Miopía magna
La alta miopía (también llamada miopía magna cuando alcanza valores elevados) aparece cuando el ojo presenta un crecimiento excesivo y la graduación alcanza un número importante de dioptrías.
En estos casos no solo existe una mayor dependencia de gafas o lentes de contacto, sino también un aumento del riesgo de sufrir determinadas patologías oculares a lo largo de la vida, como alteraciones en la retina o problemas maculares. Por este motivo, el seguimiento desde la infancia resulta fundamental para intentar reducir la progresión de la miopía antes de llegar a estas graduaciones.
¿Por qué es importante conocer el tipo de miopía?
Más allá del número de dioptrías, lo realmente importante es cómo evoluciona la miopía con el paso de los años. Dos niños pueden tener la misma graduación hoy, pero evolucionar de forma completamente distinta.
Por eso, en Óptica Zamora no solo medimos la graduación durante cada revisión visual. También analizamos la evolución de cada niño, valoramos los factores de riesgo y diseñamos un plan de seguimiento personalizado para decidir si es recomendable iniciar un tratamiento de control de la miopía.
¿Cómo se diagnostica la miopía infantil?
Aunque algunos comportamientos, como acercarse mucho a la televisión o entrecerrar los ojos, pueden hacer sospechar que un niño tiene miopía, la única forma de confirmarlo es mediante una evaluación visual completa realizada por un profesional.
Detectar la miopía va mucho más allá de conocer el número de dioptrías. También es importante valorar cómo está funcionando el sistema visual, comprobar si ambos ojos trabajan de forma coordinada y estudiar la evolución de la graduación para decidir si es recomendable iniciar un tratamiento de control de la miopía.
En Óptica Zamora realizamos un examen visual personalizado adaptado a la edad de cada niño, utilizando tecnología de diagnóstico y pruebas específicas para obtener una visión completa de su salud visual.
Durante la revisión visual podemos evaluar:
Agudeza visual
Comprobamos la capacidad del niño para ver con nitidez tanto de lejos como de cerca, detectando posibles dificultades que puedan afectar a su aprendizaje o a sus actividades diarias.
Graduación o defecto refractivo
Determinamos si existe miopía, hipermetropía o astigmatismo y medimos con precisión las dioptrías necesarias para conseguir una visión nítida.
Coordinación entre ambos ojos
Analizamos cómo trabajan los dos ojos de forma conjunta. Una buena coordinación binocular es fundamental para una buena lectura, la percepción de profundidad y un correcto desarrollo visual.
Enfoque visual
Valoramos la capacidad del sistema visual para cambiar el enfoque entre diferentes distancias y mantener una visión nítida durante tareas como la lectura o el estudio.
Salud ocular
Además de la graduación, revisamos el estado general del ojo para descartar alteraciones que puedan influir en la visión o requieran un seguimiento específico.
Evolución de la miopía
Cuando el niño ya presenta miopía, realizamos un seguimiento periódico para comprobar cómo evoluciona la miopía e iniciar un tratamiento de control de la miopía.
¿Por qué son tan importantes las revisiones visuales?
Muchos niños con miopía no se quejan porque creen que ven igual que el resto de sus compañeros y ver como ellos es lo normal. En otros casos, compensan la visión borrosa acercándose o realizando un mayor esfuerzo visual, por lo que el problema puede pasar desapercibido durante meses.
Por este motivo, las revisiones visuales periódicas son la mejor herramienta para detectar la miopía de forma precoz, iniciar el tratamiento más adecuado cuando sea necesario y acompañar al niño durante todas las etapas de su desarrollo visual.
En Óptica Zamora creemos que una revisión visual no consiste únicamente en graduar unas gafas. Nuestro objetivo es comprender cómo está evolucionando la visión del niño y ofrecer a cada familia la solución más adecuada para proteger su salud visual a largo plazo.
Tratamientos para la miopía en niños
Hasta hace unos años, el objetivo del tratamiento de la miopía era únicamente que el niño volviera a ver con nitidez utilizando unas gafas o unas lentes de contacto. Hoy sabemos que eso no siempre es suficiente.
La miopía progresa porque el ojo va creciendo más de lo normal y aumenta su longitud axial. Ese crecimiento hace que cada vez aparezcan más dioptrías y, a largo plazo, aumente el riesgo de desarrollar enfermedades como el desprendimiento de retina, la maculopatía miópica, el glaucoma o determinadas cataratas.
Por este motivo, los tratamientos actuales no solo buscan que el niño vea bien, sino ayudar a controlar el crecimiento del ojo.
Con unas lentes monofocales convencionales, la imagen central se enfoca correctamente sobre la retina y el niño recupera una visión nítida. Sin embargo, en la retina periférica parte de la luz continúa proyectándose por detrás de la retina, por lo que el ojo puede seguir recibiendo estímulos que favorecen su crecimiento.
Las lentes de control de miopía incorporan un diseño óptico mucho más avanzado. Además de proporcionar una visión nítida, consiguen que la luz periférica se proyecte por delante de la retina, enviando una señal que ayuda a frenar el crecimiento axial del ojo y, con ello, ralentizar la progresión de la miopía.
En Óptica Zamora realizamos un estudio individualizado de cada niño para seleccionar el tratamiento más adecuado según su edad, graduación, velocidad de progresión y estilo de vida.
Gafas graduadas
No todas las gafas para miopía son iguales.
Las lentes convencionales corrigen la graduación para que el niño vea con nitidez, pero no han sido diseñadas para controlar la evolución de la miopía.
Actualmente existen lentes oftálmicas específicas para el control de la miopía, desarrolladas mediante tecnologías ópticas avanzadas que modifican la forma en la que la luz llega a la retina. Gracias a diseños con microlentes, segmentos de desenfoque o zonas ópticas especializadas, estas lentes permiten mantener una visión clara y ayudan a reducir el estímulo responsable del crecimiento excesivo del ojo.
Diversos estudios científicos han demostrado que este tipo de lentes puede ralentizar significativamente la progresión de la miopía durante la infancia, especialmente cuando el tratamiento comienza en edades tempranas y se acompaña de un seguimiento periódico.
En Óptica Zamora trabajamos con diferentes tecnologías de control de miopía y seleccionamos la más adecuada para cada paciente tras realizar un estudio visual completo y valorar la evolución de sus dioptrías.
Lentes de contacto para el control de la miopía
Las lentes de contacto para el control de la miopía son muy diferentes a una lentilla convencional. Aunque también corrigen la visión para que el niño vea bien de lejos, incorporan un diseño óptico específico pensado para ayudar a frenar el crecimiento del ojo.
Su funcionamiento se basa en crear una distribución especial de la luz sobre la retina. Mientras la zona central proporciona una visión nítida, las zonas periféricas de la lente proyectan la imagen ligeramente por delante de la retina periférica. Este estímulo modifica la señal que recibe el ojo y ayuda a reducir el crecimiento excesivo de la longitud axial, uno de los principales responsables de la progresión de la miopía.
Actualmente existen lentes de contacto blandas diarias y mensuales diseñadas específicamente para el control de la miopía infantil. Diversos estudios clínicos han demostrado que pueden ralentizar la progresión de la miopía y el aumento de la longitud axial cuando se utilizan siguiendo las indicaciones del especialista.
En Óptica Zamora realizamos un estudio completo antes de recomendar este tratamiento, valorando la edad del niño, la graduación, la estabilidad de la lágrima, los hábitos de higiene y la capacidad del propio niño y de su familia para manejar las lentes de forma segura.
Ortoqueratología
La ortoqueratología, también conocida como Orto-K o lentes de noche, es uno de los tratamientos con mayor respaldo científico para el control de la miopía.
Consiste en utilizar unas lentes de contacto rígidas especialmente diseñadas mientras el niño duerme. Durante la noche moldean de forma controlada la superficie de la córnea y, al retirar las lentes por la mañana, el niño puede ver correctamente durante el día sin necesidad de llevar gafas ni lentillas.
Pero su beneficio va mucho más allá de eliminar la dependencia de las gafas. El cambio en la forma de la córnea hace que la luz llegue a la retina con un patrón óptico que ayuda a controlar el crecimiento del ojo, contribuyendo a ralentizar la progresión de la miopía.
La ortoqueratología suele ser una excelente opción para niños activos, deportistas o aquellos que prefieren no utilizar gafas durante el día. Además, el efecto es completamente reversible: si se deja de utilizar el tratamiento, la córnea recupera progresivamente su forma original.
Como cualquier adaptación de lentes de contacto, requiere revisiones periódicas y un estricto cumplimiento de las normas de higiene para garantizar la seguridad ocular.
En Óptica Zamora somos especialistas en adaptación de lentes de ortoqueratología y realizamos un seguimiento personalizado mediante topografía corneal y control de la longitud axial cuando está indicado.
Atropina a baja concentración
La atropina a baja concentración es un tratamiento farmacológico que debe ser siempre prescrito y controlado por un oftalmólogo.
Se presenta en forma de colirio y diferentes estudios científicos han demostrado que puede ayudar a reducir la velocidad de progresión de la miopía en determinados niños, especialmente cuando existe un alto riesgo de que aumente rápidamente.
A diferencia de las gafas o las lentes de contacto específicas para el control de la miopía, la atropina no modifica directamente la forma en que la luz llega a la retina. Su mecanismo de acción todavía continúa investigándose, aunque se sabe que actúa sobre procesos bioquímicos implicados en el crecimiento del globo ocular.
Actualmente es frecuente que oftalmólogos y optometristas trabajen de forma conjunta combinando la atropina con otros tratamientos ópticos, como las lentes oftálmicas de control de miopía o la ortoqueratología. Esta estrategia puede ofrecer mejores resultados en algunos casos de progresión rápida, siempre bajo una valoración individualizada.
La elección del tratamiento más adecuado dependerá de la edad del niño, las dioptrías, el ritmo de progresión, la longitud axial, los antecedentes familiares y las necesidades de cada familia. Por eso es fundamental realizar un estudio visual completo antes de decidir cuál es la mejor opción.
¿Se puede pevenir la miopía infantil?
Aunque no siempre es posible evitar que aparezca la miopía, especialmente cuando existe predisposición genética, sí podemos actuar sobre diferentes hábitos que ayudan a disminuir el riesgo de desarrollarla y, sobre todo, a ralentizar su progresión.
Cada vez existen más evidencias científicas que demuestran que el estilo de vida desempeña un papel fundamental en la salud visual infantil.
Algunas recomendaciones que pueden incorporarse fácilmente a la rutina diaria son:
- Favorecer que el niño pase al menos dos horas al día al aire libre siempre que sea posible.
- Realizar descansos frecuentes (cada 20 minutos, mirar 20 segundos a 20 pies o 6 metros) durante el uso de pantallas y en las tareas de cerca.
- Mantener una distancia adecuada al leer, escribir o utilizar dispositivos electrónicos de unos 40 cm.
- Disponer de una buena iluminación durante el estudio.
- Limitar el tiempo de pantallas fuera del ámbito escolar.
- Acudir a revisiones visuales periódicas, incluso cuando el niño no manifieste molestias.
Detectar la miopía en sus primeras fases permite iniciar cuanto antes un tratamiento personalizado y reducir el riesgo de que alcance graduaciones elevadas y patologías en el futuro.
¿Cuándo hay que llevar al niño al oftalmólogo?
Muchos problemas visuales pasan desapercibidos porque los niños creen que todos ven igual que ellos. Por eso es importante no esperar a que aparezcan grandes dificultades para solicitar una valoración profesional.
- Es recomendable acudir al oftalmólogo cuando:
- El niño comienza a ver borrosa la pizarra o los carteles lejanos.
- Se acerca mucho a los libros, la televisión o las pantallas.
- Entrecierra los ojos para enfocar.
- Se queja de dolores de cabeza frecuentes o fatiga visual.
- Ha aumentado rápidamente su graduación.
- Existen antecedentes familiares de miopía alta.
- El profesor detecta dificultades para seguir las actividades del aula.
Además, es aconsejable realizar revisiones visuales periódicas durante toda la etapa de crecimiento, aunque el niño no presente síntomas.
En Óptica Zamora realizamos exámenes visuales completos especializados en población infantil y somos especialistas en control de la miopía, trabajando conjuntamente con las familias para detectar precozmente cualquier cambio y elegir el tratamiento más adecuado para cada niño.
